Valentino Rossi, el solista

Pablo Quintana 30 diciembre, 2011

Hace un año se estrenó una fantástica película que llevaba por título, el solista. La película se basaba en la novela homónima de Steve Lopez; y si no fuese porque la realidad no siempre nos da esas alegrías en forma de casualidades, pensaría que el título viene dado después del visionado por parte del escritor y el cineasta de las temporadas en que Rossi ganó sus campeonatos del mundo.

Valentino ha ganado nueve mundiales de velocidad entre el talento y el esfuerzo, entre el reconocimiento y el desconocimiento, entre el cielo y el infierno. Vale ganó sus mundiales luchando contra todos y contra todo. Ganó a sus rivales y superó las adversidades como si de minúsculas chinas se tratase.

Imagen Valentino Rossi Donington Park 2005

Es el solista de MotoGP; cuando se siente cómodo, cuando la moto es una prolongación de su talento, su experiencia y su trabajo, es imbatible. Cuando el italiano toca como sabe su melodía, atrae a sus errantes seguidores a las rocas mientras que tirios y troyanos no pueden negar la evidencia; Valentino Rossi es el mejor piloto de todos los tiempos. Hace equivocarse y fracasar a sus rivales; necesitan arriesgar más que el italiano para sobreponerse a lo imprevisible de su talento y sus aptitudes.

Los soliloquios que hemos visto del de Tavullia quedarán para el recuerdo; el concierto bajo el polvo de California se mantendrá en la memoria de los aficionados incorruptible. Aquella muestra de testiculina, permítaseme la expresión, y talento será tan difícil de repetir como fue para Stoner digerir que aquella bola de polvo que lo había pasado por un abismo imposible era el talento en estado puro, era Rossi.

Tal ha sido la fuerza de sus victorias, lo arrebatador de su talento, que si bien el primer año en el mundial no era más que el hijo de Graziano Rossi, un piloto que pasó más bien desapercibido por la máxima competición en el mundo de las dos ruedas, después de unos años Graziano, el padre, ha perdido su nombre y se ha transformado en “el padre de Rossi”, apelativo con el que los jóvenes lo conocen. Nadie recuerda su nombre con la claridad meridiana con la que se recuerdan sus luchas deportivas y extradeportivas con su compatriota Biaggi. Dos gallos en el mismo corral no podrían llevarse bien; choque de trenes en la máxima categoría. El pasado chocaba con el futuro en un convulso presente.

Hemos asistido durante años a la bendita dictadura del solista; al disfrute de sus eternos acordes, a la querencia de la victoria por encima de todas las cosas, como si de una extraña religión se tratase. Vale demostraba semana tras semana que los soliloquios de los que hacía gala en cada carrera, no eran fruto de una conjunción de circunstancias extremadamente favorables; sus victorias eran y son talento y esfuerzo, trabajo, sacrificio y mucho amor por un deporte que lo idolatra.

Imagen de Valentino Rossi

Pero he aquí que desde hace poco tiempo otros quieren acompañar al maestro en su solitario caminar; los Lorenzo, Pedrosa y Stoner. Los jóvenes quieren tocar con él; están en posesión de un talento que parece dar esquinazo al solista. Las alternancias en los podios han dibujado un escenario diferente. Rossi ya no es sólo el rival a batir, es uno de ellos. Antes se situaba por encima de los rivales; hoy le miran de igual a igual. El descaro de la juventud ha hecho el resto. No se respetan las canas ni los galones; “no es país para viejos”.
Pero no nos dejemos engañar por los escenarios desfavorables. Rossi no ha perdido ni un ápice de esa competitividad enfermiza que le hacía ser mejor cada carrera, su talento sigue intacto y su experiencia ha aumentado. Hoy es más duro que ayer pero menos que mañana; hoy Vale se ha vuelto a levantar y piensa hacer gala de sus facultades; volverá a marcar la distancia y golpeará, golpeará como Tyson o Alí, como solo los grandes saben golpear.

El solista tiene la letra de las canciones, solo necesita interpretar la música como sólo él ha sabido hacerlo. Ducati ya fue campeona con la moto de 1000 cc y Valentino hizo de una mediocre Yamaha, toda una campeona del mundo, las circunstancias le son favorables.

Imagen Valentino Rossi

No debe el italiano entrar en una espiral de derrotismo e inquietud cortoplacista, la falsa necesidad de victoria no debe enturbiar el proceso evolutivo de la Ducati; las victorias llegarán; ganará de forma tan segura como que mañana amanecerá. Pero en el mundo de MotoGP la paciencia no es una virtud, es una penitencia.
Es evidente que Vale necesitará hacer acopio de todo su talento y buen hacer para seguir siendo el referente, el espejo en el que todos se miren; la comparación permanente.
Ya se sabe; gallina vieja hace buen caldo.

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