Quizá fuese una zona peligrosa, quizá la caída de uno de los “gallos” de la carrera fuese razón suficiente para anular aquella trampa de barro; quizá la “camaradería” con ciertos pilotos de una carrera cuya organización tenga un marcado corte chauvinista, quizá el favoritismo en la denominada carrera más dura del mundo no sea más que una circunstancia intrínseca en la prueba, quizá…quizá si esos ocho minutos regalados a Despres hubieran cambiado definitivamente el panorama de una prueba que hasta el momento se mantenía como un intercambio de golpes de dos púgiles titánicos, que podía definir un ganador en el menor de los detalles.
Hasta aquel fatídico momento el intercambio de directos que mantenían los dos “gallos” era lo suficientemente entretenido como para que no echásemos de menos, los sentimentales, la falta del continente negro en una carrera que nunca debió salir de ahí. Las gotas de sudor despedidas por los púgiles mojaban la cámara que nos contaba la carrera.
Momentos emocionantes en el raid, bien acogidos por un público que ávido de una válvula de escape frente a la dura realidad de la crisis, asistía fiel día tras día a los resúmenes donde sufríamos, donde nos alegrábamos y por desgracia donde nos entristecimos por la pérdida de aquellos que arriesgaron su vida para disfrutar de una experiencia vital que les hacía felices.
Todo era perfecto; dos pilotos de casta, dos motos iguales, un terreno por descubrir y muchísimos kilómetros por delante; el mejor de los escenarios hasta aquel barrizal.
Coma luchaba por la carrera con puño de hierro seguido por un Despres que le seguía el rastro como un Tekel cuando acosa a una presa.
La persistencia del francés hacía que un fallo de Coma tuviera una difícil solución. Unos pocos kilómetros de carrera y fue Despres quien cometió el error. Un error que le retendría el tiempo suficiente como para perder un Dakar.
Coma no lo sabía pero los laureles de la victoria circundaban su moto, le esperaban a su llegada. La victoria bordeaba al catalán, era solo cuestión de tiempo. Había sido mejor, había superado una trampa; una de tantas que tiene la carrera extrema. Una que le había supuesto encumbrarse.
Sin embargo no todo estaba ganado ni todo se había perdido. Despres en un gesto sorprendente exigía a la organización de la carrera la devolución del tiempo invertido en arreglar el desaguisado en el que se había visto inmiscuido, por no seguir las rodadas de Marc Coma. Esta vez no utilizó la tan manida tácita, su tan manida táctica.
ASO se plegaba a las exigencias del piloto galo a la vez que los laureles de Coma no eran más que una vaga esperanza. Se secaban y el viento los convertía en un mero recuerdo.
Los susurros imperaban en el campamento base, la rumorología imperaba en la carrera más dura del mundo. Lo que se suponía que debían ser voces firmes de quienes estaban sobre el terreno se tornaron simples murmullos, balbuceos entre bambalinas, críticas a un piloto que no debiera de arreglar sus fallos en las pistas en impolutos despachos dirigidos por quienes hace tiempo que perdieron el contacto con la carrera.
Los ecos de los seguidores europeos llegaban como simples advertencias de lo que serían, duras críticas, firmes voces en contra de lo que no era más que el uso de un supuesto trato de favor, muchas veces discutido y discutible.
Otra vez los españoles éramos el objeto de la ira gala. Aquellos murmullos y siseos se tornaron gritos tan firmes y fuertes que el medio a través del cual los aficionados exponían sus quejas a Cyril hubo de ser clausurado; su Facebook hubo de cerrarse debido al aluvión de quejas al galo.
La prueba más dura del mundo se había convertido en la prueba más sencilla del mundo; quien en un raid se había visto lastrado por un obstáculo puramente off road había de ser rescatado por una organización que, a tenor de lo mostrado por los aficionados había quedado retratada.

En los raids el nivel de dificultad lo plantean las piedras, las dunas, los cortes y los barrizales. Quienes estaban encargados de la supervisión del recorrido marcado por la organización no consideraron oportuno señalar en el roadbook tal piedra en el camino pues aquellos que se atrevían a desafiar la legendaria prueba debían estar lo suficientemente preparados, como para afrontar el reto.
Para muestra un botón; Marc Coma superó el obstáculo demostrando su buen hacer sin problema alguno. Era ilógico que la prueba sancionase el talento y el trabajo regalando minutos a su máximo rival. Aún así se hizo.
Los obstáculos en el camino son a las pruebas de aventura off road lo que las zonas sucias a las carreras de MotoGP con naturales; están en si misma a fin de evitar que la carrera se convierta en una prueba de motocross en los que los pilotos afrontasen etapas más largas de lo habitual.
Las preguntas quedaban en el aire; los interrogantes se solventaban con suposiciones más o menos fundamentadas. Los pilotos no punteros se hubieran hundido en el barro sin compensación temporal y sin remisión tildando de “la carrera más dura del mundo” si el galo hubiera superado el obstáculo; quizá si hubiese sido Coma quien se hubiese enterrado en aquellos barros la organización hubiera desestimado compensaciones con el español…los rumores corrían el campamento.
Algunos siseos apuntaban a un abandono de la carrera por parte de Marc, otros no eran más que peticiones al piloto de KTM de palabras duras contra los organizadores de la prueba. Los mentideros eran un cúmulo de especulaciones mientras la caravana de Marc se convertía en el lugar donde encerrar una ira que era justa.
Estoico y limpio en la competición Coma afrontó la decisión arbitraria de la organización con la entereza de un gran piloto; se sacudió el polvo, levantó la cabeza e intentó disputarle al galo la prueba hasta la última etapa; una utopía.
Hoy más que nunca debemos sentirnos orgullosos de disfrutar de un piloto que ha marcado, marca y marcará un hito en la historia de este deporte.
Hoy más que nunca es hora de que nos sintamos orgullosos de Marc.
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