Hace tiempo me lo preguntaron; así, sin anestesia. Apenas un par de balbuceos y no supe explicarme. Un trago a la cerveza y cambio de tercio de la persona con la que conversaba; la tertulia quedó en el aire, inacabada…y olvidada.
Sin embargo, el otro día vino de nuevo a mi mente. Gracias a que el podcast de Espejos en los codos me recordó, mediante su vivencia, lo que a mí me había pasado me decidí a escribirlo; a plasmar negro sobre blanco lo que es para mí disfrutar de la moto.
Puede que no sea un himno, ni una declaración de lo que todos los moteros sienten o piensan. Es mi declaración; una plasmación por escrito de lo que para mí significa el mundo de la moto.
Por eso ahí va.
Casco, guantes, cazadora y botas. Las ocho menos cuarto de la mañana y ya estoy listo; es sábado, un precioso sábado de verano. Las ocho de la mañana y la moto ha calentado; me monto y súbitamente desconexión, desconexión total. Primera para abajo y suelto embrague, los problemas se han quedado atrás; ya no me alcanzan. Ahora estamos ella y yo solos. Ahora vamos a pasarlo bien.
Andar en moto para mí es algo más que una simple actividad que ocupa mis sábados por la mañana o por la tarde; o los dos. Me aporta algo más; dar gas no es solo acelerar, apurar una curva no es solo conducir y frenar no es solo dejar de moverme. Para mí todas esas cosas se han transformado en partes de un todo.
Cuando me subo en la moto y salgo en cualquier dirección a disfrutar de cualquier carretera me acompaña una enorme sensación de libertad. La paz que me transmite la conducción en la moto nunca lo ha logrado el coche.
Bien es cierto que el uso que le doy a mi “coche” es simplemente un modo de transportarme para ir al trabajo, de vacaciones, de fin de semana… Pero las cuatro ruedas nunca han llegado a transmitirme tal sensación de libertad; no me llego a fundir con el entorno. Me encuentro al margen, no me integro en el paisaje; soy un punto y aparte.
Nadie te ayuda por ir en coche, nadie se identifica como conductor de coche cuando dos “latas” se cruzan; no hay una señal. Una V fugaz cuando te cruzas con otro de la misma “tribu”, un saludo a alguien que no conoces, a quien probablemente no has visto en tu vida. A pesar de ello, le saludas y quizá le adviertas de algún peligro en el asfalto, de una retención, de un problema…
Si disfrutas de la moto como algo más que un medio de transporte, descubres que la sensación de pertenencia a un grupo, a un ente mayor que tu binomio, a una organización, a una identidad de “tropa” se hace patente. Cuando te cruzas con otro motero y os saludáis con una V entras por la puerta grande de quienes disfrutamos de las dos ruedas.
Quizá analizado al microscopio puede que sea ridículo. Una simple V te identifica, una simple V te marca, una simple V te hace sentirte motero. Te unes al grupo de quien disfruta de la moto de una manera lúdica, existe un fuerte vínculo de hermandad con solo dos dedos colocados de una manera especial.
Andar en moto es una conversación con ese compañero de ruta espontáneo. Tu espejo retrovisor muestra una inconfundible silueta, tienes detrás a uno de la tribu, a un motero. Improvisando una ruta compartís el momento; una V y los caminos se separan. O no, quizá coincidáis en el mismo bar mientras disfrutas de tu café.
Salís a la calle y te pregunta ¿Qué tal vá?…Bien, un poco brusca a veces pero muy bien…¿la tuya?…La conversación de dos perfectos desconocidos que han compartido un momento mientras charlan sobre sus monturas. Luego caminos separados, os alejáis. Una conversación motera con la que disfrutar.
Andar en moto es recrearse en tu salida, es salir a andar con tu compañera sin tener un destino. Eso nos separa; cuando alguien toma su coche tiene un rumbo definido, tiene un destino claro y una finalidad en la que no repara demasiado. Quiere llegar al destino cuanto antes mejor.
Pero cuando la llave con la que voy a buscar mi vehículo es la de mi moto, no pienso en el destino, no pienso en el momento de la llegada; el camino es lo importante. No lo pienso, por que cuando me subo y arranco no tengo idea del rumbo que tomaré, ni del lugar donde pararé a tomar mi café, ni de qué lugar me gustaría ver ese día.
Cuando disfrutas de tu moto no hay ruta, hay kilómetros. Es la eterna búsqueda de un horizonte, de un sendero por el que circules con una sonrisa incrustada en la cara.
Para mí disfrutar de la moto es robarle a la vida un momento, arrancarle a la parca unos segundos de felicidad para incorporarlos a mi memoria. Es hacerte suspirar a ti mismo, es notar que en esos momentos tu vida es mucho más que un periplo, en el cual con mayor o menor suerte todos terminamos haciendo lo mismo; pero no, tú eres diferente, tú disfrutas de tu existencia de una manera más intensa. Te hace sentir distinto; te hace sentir libre.
Tú te has convertido en un motero más.
loading…

















