Cuando aquel 13 de Abril de 2008 en Estoril debutaba en la extinta categoría 125 cc vimos dar sus primeros giros en el Mundial de motociclismo a un jovencísimo Márquez; apenas pudimos distinguirlo en la serpiente multicolor que conformaban los pilotos que no peleaban por la victoria y que se asociaban en un grupo muy nutrido; sin embargo aquel día fue el primer paso de un largo caminar; del largo periplo que le esperaba a una de las jóvenes joyas del motociclismo español.
Aquella mañana en Portugal, el micromundo del paddock sufrió una fuerte convulsión; sin embargo el macromundo de los aficionados al motociclismo apenas notó el temblor que del país del fado venía.
Aquella noche, ese veterano infante que había forjado su talento en el CEV, comenzaba a colocar los adoquines de un camino que le ha llevado a ser campeón del mundo de 125 y que le ha hecho un temible rival en Moto2.
Era pronto para que los implicados supiesen que aquel pequeño que pasaba desapercibido sería pronto el foco de todas las miradas. Apenas un pequeño grupo de incondicionales con una fe ciega en el joven piloto sabía que esta, no era más que la consecuencia lógica de la unión de talento, oportunidad y medios.
Márquez era la muestra de que en un pequeño continente cabían enormes dosis de ilusión y un talento desbordante. El continente era incapaz de retener tanto contenido; aquel joven cuerpo no podía contener un talento arrollador, una fuerza tan sobresaliente que apenas se mostró nos dejó boquiabiertos a la mayoría de los aficionados al mundo del motor.
Era la culminación de una exitosa trayectoria vital que había comenzado en 1993 en Cervera, donde Márquez dio sus primeros pasos.
Marc nacía en la familia ideal; su padre era uno de esos aficionados que viajaba en moto hasta Jerez para darse cita año tras año en el circuito andaluz a fin de disfrutar de la carrera mundialista. No era extraño por tanto que a la tierna edad de cuatro años, le pidiese a su padre una moto.
Solo hubo de esperar un año, un breve lapso de tiempo hasta que el catalán se iniciase en la competición. Quizá muchos aficionados queden sorprendidos al conocer que sus primeros acelerones en competición no se dieron sobre una moto de circuito, para él los tacos eran algo más que voces malsonantes.
Marc competía en Enduro; él hubiese preferido el motocross, pero en esos momentos se encontraba con una constante en su carrera; era demasiado joven.
El destino le abordaba; la federación catalana de motociclismo puso en marcha la Copa Conti. Márquez no dudó en probar suerte; su nacimiento como piloto se había producido de la mano de las ruedas de tacos, el verde y el barro; pero de forma valiente el piloto decidió cambiar estos por el asfalto.
Una decisión acertada, un nuevo rumbo con nuevas cartas de navegación, pero con una ilusión enorme de manos de un talento de ciclópeas dimensiones.
Aquellas pruebas se fueron tornando gateos, para convertirse con posterioridad en pasos firmes; Marc abandonaba la moto de monte para acercarse a esos niños que ponían el corazón en un puño volando raso en los circuitos.
Las participaciones en la Copa Conti alumbraron un nuevo talento; Márquez con mano de hierro había dominado la categoría de 50 cc y se proponía dar el salto a la siguiente cilindrada. El talento le exigía dar un paso más allá.
Por ello, el siguiente año, su participación en este campeonato fue a lomos de una Honda 125 GP; una montura de mayores prestaciones para un talento incipiente. La evolución de ambos fue tal que en su primer año, se proclamó subcampeón por detrás de un Pol Espargaró que brillaba con luz propia.
Sin embargo, aquellos triunfos y las admiraciones recibidas no eran un secreto; el destino le deparaba una oportunidad en un oportuno cruce de caminos; conoció a Emilio Alzamora.
El pasado y el futuro se daban la mano; un simple hito en la senda que los uniría durante largo tiempo, de manos de victorias increíbles.
Dos campeonatos de Cataluña de Velocidad y otro de Supermotard mostraban por las bravas que aquel niño, estaba dispuesto para proceder al asalto; para tomar el relevo de quienes abandonaban las categorías más altas del motociclismo mundial por la fuerza si era preciso.
El CEV sería su siguiente presa; el hambre de títulos del piloto de Cervera no tenía límites. 2007 fue el año en el que mostró sus cartas en un campeonato nacional, había participado antes aunque de forma esporádica.
Fue un año muy duro para Márquez; su escaso peso le hacía obligatorio acarrear un lastre en su moto de unos 20 kilos que dificultaba de forma sobresaliente su conducción, hasta el punto de que el piloto “probó” el asfalto en varias ocasiones. Más de las necesarias. Aquel lastre no lo abandonaría en demasiado tiempo.
Su talento, sus aptitudes y su actitud fueron los alicientes necesarios para que, de nuevo, Alzamora y Márquez cruzasen sus devenires. El marco era el lógico, una carrera del Mundial; Márquez preparado para intentar mostrar lo que llevaba dentro y Alzamora con una gran oportunidad bajo el brazo, el año siguiente correría el mundial bajo la tutela de un campeón del mundo.
El talento y los resultados auspiciaban un futuro campeón; un aliciente para mostrar de lo que era capaz.
El año 2008 fue un año difícil; caídas, inexperiencia y trabajo no siempre recompensado se oponían a unos excelentes resultados para un debutante que dejaban muy claro que no sería uno más de la parrilla; sería el mejor o no sería. 2009 no sería un año sencillo; sus logros eran ensombrecidos por caídas y por una circunstancia en la que la que el piloto no tuvo la suerte de su mano; KTM, equipo con el que competía, abandonaría el mundial al cruzar la línea de meta en la última carrera de esa misma temporada.
Márquez necesitaría una nueva montura al finalizar el año. Los resultados obtenidos a pesar de los sinsabores, no hicieron, sino abrirle las puertas de grandes equipos; la gloria le esperaba al final del camino.
2009 agonizaba con la promesa de una moto competitiva para un piloto competitivo. Una moto y un piloto que hablaban el mismo idioma; una Derbi para el de Cervera. Bajo la protección de las alas de su patrocinador, Márquez debía “volar” en los circuitos.
El peso mínimo ya era cubierto por el de Cervera, por lo que no se haría necesario cargar con un polizón tan incómodo como un lastre. Ya nada lo retenía en las posiciones menores al oro, ya nada le haría perder oportunidades; todo estaba en su sitio y Marc en el sitio adecuado en el momento preciso.
Las victorias le esperaban y no se hicieron de rogar; pero los 17 años de nuestro protagonista eran lo suficientemente escasos para que no pudiera brindar con el champán al final de las carreras.
Esa constante, la edad, su precocidad en la gloria no le abandonaría. Marc entraba en la historia de este deporte derribando la puerta de una sonora patada.
El 7 de Noviembre de 2010 toda la fuerza y el talento mostrado durante el campeonato cristalizaron en la consecución de un título, que para quienes lo conocían, no era más que un reconocimiento a un talento que excedía de los límites del pequeño cuerpo del de Cervera.
Pero este no era el único hito que alumbrará la trayectoria de un piloto del calibre de Márquez; 2011 ha sido el año en el que ha terminado por acoplarse a una moto que en nada se parecía a las anteriores. Las caídas han impedido que se proclamase campeón de una categoría que lo esperaba, a fin de encumbrarlo en los altares del motociclismo mundial.
Una inoportuna lesión lo desvió de su destino; lo distrajo, lo hizo errar; sin embargo Marc no volverá a cometer de nuevo el mismo error. Su aprendizaje es consecuente con el paso de las carreras.
Cervera vio nacer a un niño que estaba llamado para disfrutar realizando un trabajo que le aportaría gloria; la gloria del que gana. Cervera vio crecer al hombre que es hoy, al joven piloto que es capaz de dar lecciones a veteranos como quien imparte clases a preescolares; con la autoridad que le aporta el talento, esfuerzo, el trabajo y una inmensa voracidad.
A pesar de la juventud que le contempla, Marc domina la carrera en todas sus fases; sabe hacerla dormitar cuando necesita rebajar la fogosidad excesiva de un rival o sabe reavivarla imprimiéndola un ritmo frenético a la misma.
Márquez sabe defender su posición y tomar al asalto la siguiente, sabe repeler los ataques de sus rivales mientras planifica su próximo zarpazo agazapado detrás de su carenado. El estratega de las dos ruedas.
El férreo conocimiento de su talento y su convicción en la necesidad de ganar, han sido capaces de catapultarle en una remontada para la épica, desde las últimas posiciones hasta las primeras en una carrera en la que el piloto no dio una posición por perdida.
Sabe mantenerse frio cuando las circunstancias de la carrera o su situación posterior invitan a un calentamiento, cuando la carrera arde a su alrededor él es frio como un témpano.
Hoy hemos de agradecer poder ver la creación, gestación y ascenso fulgurante y vertiginoso de una leyenda. Marc con ese talento joven espera poder convertirse en ese piloto que todos recuerden, aquel del que todos han hablado y que marcará referencias en un deporte acostumbrado a encumbrar a sus estrellas con la misma velocidad que las fagocita o las rehabilita para el título que disputen; es la esencia de un deporte que tiene un punto de canalla; permítaseme la licencia.
Lo que hoy es una realidad incontestable, mañana será una leyenda imborrable.
Marc encabeza una generación de pilotos que, chupete en mano, tomarán al asalto el campeonato del mundo. Quizá los veteranos tiemblen ante los jóvenes talentos.
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