Se dice que cuando más oscura es la tormenta, que cuando más llueve, que cuando la meteorología muestra su peor cara “obsequiándonos” con las lluvias más fuertes y los vientos más huracanados es cuando la tormenta está a punto de cesar; “De lo más oscuro amanece Dios” que dirían los castizos.
Sin embargo esta tormenta en que se ha transformado esta crisis no cesa en su empeño por desanimarnos cuando no desesperarnos; el panorama se torna realmente oscuro frente a un optimismo impostado que no hace si no ocultar un pesimismo que preferimos no compartir. Es ese mismo sentimiento el que aqueja el sector de la moto en nuestro país.
Las continuas caídas de ventas mes tras mes, el oscuro horizonte temporal, la continua inestabilidad de los países que aquejan semana tras semana los efectos de la desregulación bancaria que hace años nos vendieron como el medicamento definitivo para incrementar el crecimiento, irreal, de nuestra economía.
Normalmente cuando el mar en el que se navega complica las cosas, la tripulación del barco, es decir nosotros, espera que el capitán saque de sí mismo todas las virtudes que, como al soldado respecto al valor, se le suponen. Sin embargo en este caso los golpes de timón aleatorios no despejan duda alguna; más aún, ayudan a que el pánico se extienda por la tripulación.
Mientras las ventas de motocicletas se hunden tras cada subida de IVA la solución que, a tenor de las esperanzas de nuestros mandatarios pasados y presentes, nos hará mejorar no será otra que una nueva vuelta de tuerca; una brutal subida del IVA.
Pareciera que quien dirigiese el barco nunca se hubiese formado en escuela naval alguna; aunque vistos los curriculums de la plana mayor quizá lo mejor sería agarrar con fuerza un flotador y lanzarse al mar evitando que el naufragio nos encuentre dentro de la nave.
Quizá no hayan conocido vez alguna lo que se llama la curva de Laffer y su comportamiento con respecto del consumo; explicación tras la que quizá se escondan las continuas subidas de impuestos en una espiral que no podrá si no exprimir los exiguos bolsillos de quienes mantienen a la plana mayor, reduciendo el consumo y por tanto incrementando de nuevo el IVA. De nuevo a empezar.
En todo caso el castigo a la que los mercados someten al sector de la automoción, y en especial al de la motocicleta, no debiera si no inspirar modelos en los que el incentivo del consumo o la facilidad para quien decide hacerse con una moto le sea lo más favorable posible. Sin embargo, todo son palos en las ruedas para el sector; subida de IVA de las motocicletas, subida de IVA de los seguros de las mismas, subida de IVA sobre la gasolina, incremento en el precio de los carburantes a causa del céntimo sanitario, subida en el impuesto de circulación de forma aleatoria…
Si eres un valiente y has conseguido superar este crudo panorama, quizá los continuos radares que se sitúan en zonas con escasa peligrosidad pero alta posibilidad recaudatoria te hagan desistir. La ferocidad con la que la administración “insta” a sus agentes a someternos a una estricta vigilancia en pos de un ansia recaudatoria desaforada frene tus ansias de disfrutar de las dos ruedas es capaz de desanimar al mayor aficionado.
Escondidos tras el parapeto de las arcas vacias, quien lo diría viendo como se tratan a sí mismos quienes nos gobiernan (coches oficiales que florecen cual setas en otoño, cargos de confianza sobredimensionados, exenciones fiscales y suplementos aplicados a sus sueldos, etc), los gobiernos continúan en la cerrazón de seguir a pies juntillas políticas económicas que nos han conseguido llevar a una de las crisis más grandes conocidas.
Sin embargo, obvian las posibilidades que otras economías nos ofrecen. Para crecer es necesario un impulso que no puede ser si no del estado; normalmente ese impulso se ha materializado en subvenciones que, difícilmente controladas, han tenido un impacto positivo en el “desentumecimiento” de una economía con tendencia a pararse. Es complicado que los estados puedan ofrecernos dinero alegremente pues ya conocemos su excusa, no hay dinero.
Cerrazón tras la cual se evita seguir explorando iniciativas como las que los norteamericanos han aplicado a su economía en ciertos sectores, mejorando los niveles de consumo y por tanto, de recaudación; las subvenciones en forma de exenciones fiscales por ejemplo. Cuando en España acostumbramos a oír el término subvención, normalmente esperamos un dinero “caído” del estado; sin embargo, en esta coyuntura económica debiéramos tomarlo como una forma de pagar menos; me explico, quizá se subvencione la compra de una moto con un ingreso en cuenta al titular, a quien la ha comprado, una de las posibilidades.
Pero otra es la exención fiscal, la subvención en forma de “recorte del precio” que repercutirá en nuestra declaración de la renta o en una bajada de los impuestos aplicada a nuestra montura. Poder hacerlo mediante una bajada del IVA aplicado a ciertos productos o a ciertos sectores con el fin de contrarrestar los efectos negativos de un IVA que no hace si no situar a los mercados, y en especial al de la moto, en una delicadísima situación. De tal manera que esa subida de IVA que nos coloca con un pie más cerca del fondo del precipicio, quede contrarrestada con la política antes comentada.
No quisiera incidir más en este punto para no terminar de desanimar a quienes han llegado hasta aquí, terminando de complicar más el artículo añadiendo a las acciones los tintes de keynesiana o neoliberal.
Sin embargo, a tenor de lo visto y si nadie lo remedia seguiremos implicándonos, muy a nuestro pesar, en una política destinada a sacar de nuestro bolsillo todo el dinero que se pueda en forma de continuas subidas de impuestos indirectos destinadas a rellenas unas arcas que en otro momento fueron tomadas como “el maná” o lugar donde brotaba el dinero, el sector de la moto no hará si no hundirse bajo nuestros pies condenando a quienes disfrutamos de las dos ruedas a no comprar montura alguna, estrangulando de tal manera el decreciente consumo.
Debieran ver nuestros dirigentes, al sector de la automoción y en especial al de la moto, como una posibilidad real de crecer, de retomar un modelo económico abandonado apostando por un mercado que se mueve entre la necesidad de las pequeñas scooters que nos libran de los atascos y el hobby de quien disfruta de forma correcta de la sensación de pilotar una moto.
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