El hombre es un lobo para el hombre o el espíritu del CEV

Pablo Quintana 23 febrero, 2012

Las palabras de Hobbes resuenan en mi mente, pronunciadas en las interminables clases de filosofía en mi época de estudiante. Retumban en mi conciencia como leyes de incuestionable cumplimiento; las científicas o las humanas.

Aquellas palabras emanadas del súbdito de su majestad la reina de Inglaterra, no son sino la base para el crecimiento de nuestros campeones; la idea que vertebra la trayectoria de aquellos que en su día dieron buena cuenta de un campeonato de índole nacional que se volvió referencia mundial, semillero de campeones; no hablo sino del CEV.

Muchos de aquellos que ganan y nos ilusionan, que nos ponen el corazón en un puño, que nos levantan del sofá comenzaron su caminar en el CEV. Apenas llegaron a nuestro país como niños imberbes con unas aptitudes extraordinarias para el pilotaje, cuando años después lo abandonaron como galgos con la obsesión del uno en el carenado.

Fueron miles los que pasaron sin pena ni gloria, los que el viento esparció separándolos del grano, apenas unas decenas fueron rápidos, valientes y suficientemente buenos como para ser dignos de una moto competitiva, pero sin embargo solo unos cuantos llegaron al objetivo final del largo caminar que iniciaron años antes, ganar.

Nuestro campeonato doméstico es hoy referente mundial para cazatalentos y observadores, para marcas y anunciantes, para pilotos y espectadores; hoy el CEV es el semillero del campeonato del mundo.

Imagen del CEV

Pero este largo proceso no es el fruto de la casualidad o de la generación espontánea; son el fruto y el premio de un largo proceso de perfeccionamiento en un campeonato que aspira a ser el lugar donde grano y paja dividan su destino.

Que el 70% de los pilotos del mundial hayan participado antes en el CEV no debe sino hacernos pensar en ciertos elementos que han transformado nuestra competición doméstica;

Por un lado el darwinismo deportivo al que todos los competidores son sometidos no es una casualidad; el progresivo acceso a categorías o cilindradas que plantea el campeonato no es sino una selección natural de los mejores pilotos; los más aptos, los más fuertes.

Aquellos que son lo suficientemente rápidos y soportan la dura presión de la competitividad extrema son los que acceden a las categorías más altas del certamen; los que no son capaces de mostrar todo su talento o perecen aplastados bajo la inmisericorde presión competitiva son desechados.

El marco general de exigencia lo coloca el CEV, los pilotos haciendo gala de la cita que da nombre al artículo hace el resto.

Imagen de un piloto del CEV

Por otro, el certamen se desarrolla en el mejor lugar para la práctica competitiva del deporte del motociclismo. España ha sido, es y será el país de la moto. Las motos forman parte del decorado en el que todos actuamos.

Los españoles recordamos desde nuestra más tierna infancia las motos. Como los bellos parajes en las postales, las motos en el ámbito cultural español han traspasado los límites del simple medio de transporte, para convertirse en una forma de vida. El semillero del mundial había de situarse sobre una tierra fértil en la que desarrollar su programa, y esa no podía ser otra que España.

No debemos pasar por alto la buena gestión de aquellos, que durante largo tiempo, han cuidado del certamen nacional más exitoso del mundo. Su buen hacer, su cuidado proceso de introducción de novedades y categorías y el exquisito trato que dispensan al campeonato ha fomentado que los espectadores “hallamos mordido el anzuelo”; ellos nos han aportado un espectáculo motociclista y nosotros, los aficionados a la moto, hemos disfrutado de él.

Derivado de la anterior obtenemos las siguientes causas; la asistencia a los circuitos, su visionado por la televisión y una cobertura mediática excelente no han sino atraído la atención de los patrocinadores de los equipos que, sabedores de que miles de aficionados no perdían detalle de lo sucedido en aquel certamen, decidieron inundarlo de publicidad.

Esa misma publicidad proporcionó dinero a los equipos que incrementaron el nivel tecnológico del certamen y por ende su nivel general. Las fuertes inversiones de las escuadras buscaron una fuerte inversión en capital humano por parte de los cazatalentos. El nivel se elevaba.
Aquellos que eran elegidos para la gloria estuvieron a la altura de lo esperado y superaron condicionantes adversos, falta de medios en algunos casos y una tensión competitiva difícil de digerir.

Imagen del CEV

El entorno de una exigencia extrema, una excelente gestión y una continua reivindicación deportiva han formado un marco perfecto para todo tipo de pilotos, sean de la nacionalidad que sean y vengan de donde vengan; solo se les exige un alto nivel competitivo y un fuerte bagaje de talento.

Los títulos obtenidos en el certamen español son las credenciales curriculares que los pilotos aportan en su búsqueda de equipos competitivos. Sin embargo, ya sabemos; Sic transit gloria mundi por lo que el título de campeón de España apenas abala al titular del mismo para conseguir en el momento más inmediato posible un buen equipo, pues en el caso de no conseguirlo su triunfo apenas será un lejano recuerdo.

El alto nivel de el campeonato no dejó indiferente a quienes eran responsables del eslabón más bajo de la cadena del campeonato del mundo; las escuderías de 125, hoy Moto 3, fijaron su atención en aquellos pilotos que tenían un denominador común, su participación en el CEV y se propusieron “lanzar sus redes para pescar algún pez grande”.

De aquellas estrategias de scouting nacieron los brillantes talentos que hoy seguimos. Los que en el futuro admiraremos, hoy son aquellos que pelean por dar sus primeros pasos.
El CEV es el futuro, la cantera, de un campeonato del mundo en el que solo los mejores pueden estar.

GD Star Rating
loading…

Deja tu comentario »