El fin de las guillotinas de curva, el fin de los guardarrailes

Antonio 21 diciembre, 2011

“Que pesados sois los moteros con los guardarrailes”; seguramente si eres motero habrás oído bastantes veces esta cita de boca de gente que no comparte nuestra afición. Es una de esas frases que te hacen darte cuenta de que ante el colectivo de la sociedad, no somos más que unos “domingueros” caprichosos y temerarios que emulamos a nuestros pilotos preferidos los fines de semana.

Quizá nuestras reivindicaciones no llegan con la rotundidad necesaria a la población, o quizá queden empañadas por las acciones insolidarias e irresponsables de los más “salvajes” de nuestra tribu; cuando realizan maniobras que dejan en evidencia al resto de los integrantes de la familia motera.

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Sin embargo; pareciera que en boca de ciertos individuos, somos nosotros, los moteros, los que por afición a las dos ruedas nos jugamos nuestra integridad física día tras día, los que impactamos a propósito con los guardarailes; los que estamos ansiosos por derribar con nuestros blandos miembros las firmes secciones de viga que recorren nuestra red de carreteras, los que intentamos resbalar con la pintura del asfalto, los que nos desequilibramos en las frenadas con los arcenes sucios, los que tenemos que esquivar coches que circulan por la carretera haciendo que los conductores de Mad Max queden a la altura de viejecitas prudentes; los moteros en definitiva somos quienes más sufrimos el mal estado de nuestras carreteras. Un gaje del oficio, uno más, si no fuera porque todas esas circunstancias pueden dar lugar a una tragedia por un sistema “de seguridad” que cercena todo aquello que impacte con él, por baja que sea la velocidad de la masa que lo haga. Una guillotina en cada curva, la espada de Damocles en cada giro.

Cualquier resbalón puede dar al traste con una vida, cualquier circunstancia adversa o mala praxis de algunos conductores, sea de moto, coche o camión por poner tres ejemplos puede acarrear unas consecuencias tan largas como la vida del que las sufra. La amputación de un miembro o la muerte del conductor de la moto son algunas de las funestas secuelas de un desafortunado accidente.

Sin embargo; si estos sistemas fueron creados a fin de garantizar o incrementar la seguridad del conductor sea el que sea el medio de locomoción que use el ciudadano ¿Por qué los moteros no estamos cubiertos ante estos imprevistos? ¿Por qué se nos ignora de forma continuada? Las motos pagan religiosamente el impuesto de circulación, impuesto de matriculación, impuesto sobre el carburante, impuesto del IVA sobre los bienes y servicios que tienen que ver con el mantenimiento de nuestras máquinas; por lo que el estado debiera garantizar la buena conservación del firme. Sin embargo, todos podemos citar varios ejemplos de mala gestión, gestión deficiente o nula gestión del mantenimiento de nuestras calzadas. Demasiadas veces, el estado de nuestra red viaria queda en entredicho, por mucho que debiera ser óptimo.

Los moteros nos encontramos de forma permanente un agravio comparativo, pues mientras las administraciones hacen los esfuerzos que creen oportunos para garantizar la integridad de sus conductores de coche, camión, autobús, etc los usuarios de moto somos degradados al grupo de conductores de segunda.

Las “cuchillas” que el estado instala se encuentran ansiosas por cercenar de nuevo una vida más, por hacer que la intención de pasar un buen rato con amigos se convierta en un recuerdo doloroso e imborrable.

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Si bien, las administraciones públicas deben subsanar los errores cometidos aumentando la exigencia a los futuros gestores de la DGT, somos también los moteros quienes debemos hacer uso de los medios a nuestro alcance para, de forma preventiva, evitar situaciones de difícil resolución.

El respeto riguroso a nuestras normas de tráfico que son simplemente el recurso para una mejor convivencia entre los usuarios de las carreteras, una fuerte carga de educación vial desde edades tempranas donde los individuos son muy permeables a las directrices de convivencia dadas o el respeto escrupuloso a todos los usuarios de las vías, son nuestras mejores armas para colocar de nuestro lado a quienes se muestran excesivamente críticos con nuestras exigencias.

La sencillez de nuestras reivindicaciones no las hacen menos necesarias o urgentes; todos los que usamos las carreteras podemos ser víctimas de un nuevo quitamiedos.

Por Pablo Quintana. Sígueme en Twitter como @Pablotana24

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