Cuando Valentino firmó el contrato con Ducati, media Italia salió a las calles como si el de Tavullia ya hubiera colocado el primer pie debajo del arco del triunfo mientras era adornado con una corona de laurel que lo acreditaba como ganador antes de llegar al foro.
Como antes he dicho media Italia lo estaba celebrando; mientras la otra media rompía a llorar por la ilusión de que un piloto italiano ganase con una moto italiana; el summum de las aspiraciones de unos latinos ansiosos de las victorias del genio italiano, a las que se habían acostumbrado. Ansiosos por unos logros que hicieran olvidar la tan manida crisis. Italia se tiñó de rojo y amarillo, se tiñó de ilusión y esperanza; se tiñó de victoria.
Sin embargo, año y medio después y transcurridas las pertinentes carreras, apenas el relumbrón de aquellas futuribles victorias se perdió entre caídas, malos resultados y puestas a punto que no llegan al nivel óptimo. Aquellas aspiraciones quedaron relegadas simples anhelos o desechados sueños de los tifosi que adjudicaron a Valentino la cualidad de divino, y sin embargo hoy, después de los desafortunados incidentes en que se ha desarrollado el periplo por Ducati, los italianos recuerdan su primigenia lengua y citan no sin dolor; “On ego rem, on ego hominem”, “a cada hombre lo que le corresponda”.
Dolorosa situación, pues lo que le corresponde al hijo de Graziano no es más que una discreta sexta plaza frente a un Lorenzo que desde que aprendió a tratar a su M1 como si fuera la mujer con la que se case, y a tratar a sus rivales con la férrea disciplina que impone la fuerza del talento no ha dejado de cosechar victoria tras victoria.
Hoy Valentino se debate entre una Ducati a la que Audi, flamante propietario de la marca de Borgo Panigale, ha decidido avalar tanto económica como deportivamente, y una Yamaha libre, a la que Spies con más pena que gloria apenas ha podido exprimir este año. Quizá no sea demasiado decir que Furusawa, mandamás de la firma de los diapasones, está interesado en el fichaje de Rossi, pero si además de lo dicho lo abalamos con una visita al campeón italiano, los rumores toman un cuerpo diferente al que tenían anteriormente.
Las dos opciones quedan abiertas, las dos marcas se encuentran en manos de Valentino como la amada que se arroja en brazos de su príncipe azul para que la salve del peligro inmediato. Para las dos marcas el italiano es una pieza atractiva, Phillip Morris está dispuesto a ofrecer un contrato a Yamaha para patrocinar una M1; jugosa opción para la marca de Iwata; carente de patrocinio la M1 que conduce Ben Spies no deja de ser una buena opción para eliminar el azul corporativo de una moto limpia de marcas. Incrementar los ingresos de una moto oficial que se siente tan huérfana que se ha deshecho de toda competidora de box.
Por su parte, Audi no concibe únicamente participar en MotoGP; reverdeciendo los laureles de la marca de los aros en otras disciplinas sobre cuatro ruedas no quiere sino continuar con su exitosa política deportiva basada en la filosofía de un Luis Aragonés que sin quererlo dio en la clave de todo; “ganar, ganar, ganar, ganar, ganar y volver a ganar”.
Quizá sin el genio italiano los de Borgo Panigale se decidan a reverdecer los laureles de manos de un Checa con la ilusión de un niño y con las manos de un veterano; una mezcla ganadora como a la postre se demostró.
Las opciones están claras, apenas unas carreras nos separan de una decisión que marcará, sin duda, el futuro de las dos marcas y el de varios pilotos, entre los que se encuentra su compatriota Dovizioso, que desde el desembarco en Yamaha, ha hecho los méritos suficientes para mostrarse como una opción óptima para la M1 del, a tenor de los últimos sucesos, defenestrado Spies.
El mercado aún está abierto pero el cartel de cierre se encuentra tan cercano que los equipos y los pilotos sienten la urgencia de la siguiente temporada, aún sin ser esta inmediata como se supone en Italia y Japón. La presente temporada ha iniciado su muerte y quien más quien menos, tiene su mente puesta más en la siguiente que en esta temporada.
El cierre de los dimes y diretes, los rumores destinados a agradar a Tirios y troyanos y los cuchicheos entre motores dentro y fuera de los boxes van a hacer de esta segunda parte de la temporada un impasse tan interesante que apenas un parpadeo puede dar al traste con toda una observación completa, de un panorama en constante movimiento.
Recomiendo a los aficionados seguir el culebrón del verano con el mismo énfasis con que los aficionados a la prensa rosa siguen los famosos programas de cierta cadena.
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