¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado. Lucas, Capítulos 4 versículos 10 a 17.
No hay mejor forma de responder a quienes observan sorprendidos las noticias que nos llegan desde Italia que aluden al fichaje de Valentino por Yamaha, que con esta cita proveniente de la Biblia.
Quien más quien menos, después del pasado año, tras el que Rossi no hizo si no sufrir cada gran premio por izar a su Ducati a la dignidad de los puestos de cabeza, consideramos que el italiano no contaría con la evolución deseada en su montura.
La tan ansiada evolución de la moto de Borgo Panigale acaso sería fruto de un ingente trabajo cruzado entre ingenieros y piloto, que bajo la luz del trabajo, la suerte y el talento consiguiese una moto de gran premio digna de tal nombre y del que es considerado de forma unánime, el mejor piloto de todos los tiempos.
Pero carrera tras carrera, la esperada flecha del italiano se mostraba como una tosca imitación de madera imposible de ser nombrada a tal efecto. La tan esperada espada afilada con la que Rossi esperaba infundir temor entre sus jóvenes rivales, se mostró como una roma barra de hierro con la que apenas inquietó a sus jóvenes rivales.
A tenor de lo visto los años anteriores; nihil novum sub solem. Su talento, su hambre y su fuerza seguían intactas, pero su prestigio se resentía. Los jóvenes rivales que le salían al paso se hacían, en los finales de semana, con una gloria que otrora estaba reservada para quien nos dejaba con la boca abierta; jamás olvidaremos aquel adelantamiento a Stoner en Laguna Seca. Casey no supo si intentar contraatacar, o hacer una foto de aquella maniobra para subirla al Facebook.
Sin embargo, hastiado por el cansancio que produce buscar la aguja del pajar, el italiano parece haber decidido cambiar de aires, a tenor de lo que los rotativos italianos y británicos se hacen eco. Valentino se volvería a reencontrar con su amada; aquella M1 que tantas alegrías le dió. Despechado por un amor italiano no correspondido no dudaría en volver a los brazos de su amada de Iawata.
Todos saben que en manos del italiano, la nipona tiene pólvora en cada aceleración y que en cada recta un parpadeo puede ser el tiempo necesario para que el de Tavullia descerraje dos tiros a su rival. Un visto y no visto, cargadores vacíos, como decía Defcon Dos.
A nadie escapa la innata capacidad del latino para poner a punto una máquina, que se mueve con las leyes físicas de las dos ruedas aunque en sus manos legisle de nuevo. Por eso el temor a que el italiano se haga con una moto potencialmente ganadora, desalienta a sus detractores a la vez que insufla moral a sus tifosi.
Los rumores corren como la pólvora en un box tan inflamable que apenas un suspiro puede levantar las suspicacias de cualquier jefe de equipo. La diferencia de talento entre las cinco principales figuras del campeonato es menos perceptible de lo que nos imaginamos; cada piloto con su estilo es capaz de hacerse con una victoria, sin embargo no todos consiguen poner a punto sus monturas. Es ahí donde residen en parte las divergencias de resultados.
Dispuesto a reverdecer los laureles y afilada su espada, Vale se dispone, siempre y cuando los rumores sean ciertos, a hacerse de nuevo con un cetro del que jamás debió separarse. Vuelve a una montura japonesa; los vanos intentos por hacer de la Ducati una nipona travestida o mantenerla como italiana impostada, han conseguido desesperar al genio de la eterna sonrisa.
Las nuevas generaciones de aficionados a las dos ruedas apenas han visto disfrutar de la victoria al genio de Tavullia y ya se sabe, la memoria nos recuerda la fragilidad de los recuerdos que superpuestos unos sobre otros, los últimos aplastan a los primeros; y las victorias de Rossi ya se encuentran entre los recuerdos más lejanos de aquel alocado italiano que tan mal se llevaba con Biaggi, pero que tan buenos momentos nos ha dado. Quien marcó historia quiere volver a imprimir su sello entre unas páginas de oro. Esperemos se reponga de los azotes de una crisis que no distingue entre amigos y enemigos.
Puede que con la llegada de Vale a Yamaha, volvamos a disfrutar de un motociclismo plateresco; a saber, una apurada de frenada aquí, un paso por curva perfecto allá y una moto cruzada en una suerte de deslizamiento artístico y otras piezas de orfebrería con las que cegarnos bajo su reflejo.
Pero no todo son luces bajo la carpa del circo más grande jamás montado. También encontramos sombras. En una suerte de nuevo rol, Stoner ha decido colgar los guantes para hacer uso de su nuevo elemento, la bola de cristal.
Afirmando que jamás hemos visto a un Moto2 ganando en MotoGP, intenta desalentar a un Márquez ilusionado con el cambio. No le queda más remedio a Márquez que hacerse con el síndrome de un Mayo del 68 con el que descubrir que debajo de la pista, se encuentra la playa.
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