Casey Stoner no es un piloto espectáculo fuera de los circuitos; probablemente nunca le veremos hacer locuras con coches de rally, no pose con famosas modelos de revistas masculinas y con toda seguridad nunca nos sorprenda con escándalos en los que se trate su vida privada.
Es el triunfo de la normalidad; no hace gala de peinados llamativos, ni luce una gran cantidad de tatuajes; Casey simplemente pilota, llama la atención dentro de los circuitos, gana y se aleja del mundanal ruido de los flashes. Su talento se disfraza de mediocridad; se esconde de todo aquello que lleva aparejado ser una figura pública.
Hace 27 años en Southport, Colin y Bronwyn tuvieron un pequeño “aussie”. La criatura demostró un talento fuera de lo común; con apenas 6 años ya era el campeón de la Gold Coast de dirt track; las aptitudes del pequeño Casey quedaron muy claras, había nacido para ser piloto.
Con el tiempo los retos a los que se enfrentaba el pequeño, no suponían realmente un esfuerzo que le hiciese mejorar, por lo que la familia al completo decidió emigrar a la zona de Nueva Gales del Sur. Los nuevos retos que allí encontró fueron forjando tanto el carácter como las cualidades que harían de este piloto el bicampeón mundial que es hoy.
Su carrera se desarrollaba entre fuertes esfuerzos personales, los largos viajes por llegar a las carreras, los triunfos y la nefasta legislación australiana que cortaba el brillante futuro que el australiano encontraba por delante. Su devenir se sumergía en un mar de dudas e incertidumbres, pues las leyes australianas no permitían competir a pilotos en pruebas de velocidad en asfalto hasta los 16 años; lo que era un serio impedimento para el desarrollo del talento de Casey. El australiano se encontraba atrapado en un molde que no dejaba que su talento se expandiese.
Con 14 años los padres del chico decidieron vender todas sus propiedades y emigrar a Gran Bretaña, donde la legislación era muy favorable para los jóvenes pilotos. La fe de Colin y Bronwyn era tan inquebrantable como la necesidad de hacer buena una decisión cargada de incertidumbres.
La unión de trabajo y aptitud no suele fallar, y rápidamente los esfuerzos familiares a favor del joven piloto dieron sus frutos. En el año 2000, Casey ya ostentaba la corona que le acreditaba como campeón británico de 125 cc.
El talento del australiano, de nuevo cruzaba fronteras y competía en el CEV con pilotos como Pedrosa, Tony Elias y Joan Olivé. El semillero de pilotos en que se había convertido el campeonato español alumbraría en los años posteriores un ramillete de campeones del mundo entre los que se encontraría Stoner. Estaba en el sitio adecuado en el momento preciso.
En los años en los que competía en el CEV y el campeonato Británico hacía incursiones puntuales en el Campeonato del Mundo. De esta manera, sumaba sus primeros puntos; parecía que el destino le sonreía y la difícil decisión que lo había alejado de su Australia natal, no era tan nefasta como podría pensarse.
El debut como piloto exclusivo del campeonato del mundo se produjo en 2002. La decisión de incluirlo en la categoría intermedia de 250 cc no se mostró como la más adecuada; era evidente que no estaba preparado. La corrección no se hizo esperar y se rebajó la cilindrada en la que competiría; los 125 centímetros cúbicos serían su arena.
La escuela de las bajas cilindradas del campeonato del mundo hacia su trabajo y a medida que crecía el numero de participaciones en pruebas del mundial, Casey mejoraba de forma exponencial.
En 2006 Cecchinello confió en el australiano y le ofreció una Honda satélite. Fue un año nefasto para Casey; las recurrentes caídas le hicieron ganarse el sobrenombre burlesco de Rolling Stoner. Nadie imaginaba que el talento que se guardaba en aquel accidentado piloto daría lugar a un futuro campeón del mundo.
A pesar de su accidentado año, Ducati le ofreció la oportunidad de formar parte de su equipo. El talento de Casey y la arrolladora superioridad de la nueva Ducati de 800 cc dieron como resultado que el 23 de Octubre de 2007 en Japón, Stoner se colocase la corona de rey de MotoGP. Se hizo con el entorchado a base de un férreo dictado en el que se hizo con 10 de las 18 carreras en juego. Bridgestone y Ducati tenían en sus manos al chico que había partido como un tapado y se acababa de proclamar campeón del mundo, si ellos proponían, Stoner dispondría.
La apuesta de Colin se hizo sin saber que cuando se jugaban toda una vida familiar, lo estaban haciendo al caballo ganador en el que se convertiría su hijo. Nadie podía preverlo. Desde entonces el australiano se ha hecho con otro entorchado, esta vez a lomos de Honda.
Casey Stoner es el imperio de la normalidad, la muestra de que grandes tatuajes y destemplanzas aún más grandes, no hacen sino distraer la atención de los focos hacia lugares equivocados. Sin estridencias en su vida privada, sin llamar la atención sobre sí mismo; viviendo una vida sencilla es capaz de ser el mejor en su “trabajo”. El envoltorio que lo acompaña es una de sus armas, los focos no se centran en la normalidad, tienden a centrarse en elementos que sobresalgan.
La virtud de Casey es la falta de virtudes para llamar la atención sobre otra cosa que no sea su pilotaje. Nadie diría que el chico tranquilo que pesca a la orilla del lago, es capaz de exprimir todo el potencial de la Honda que los ingenieros de HRC le proporcionen.
La sonrisa permanente que le dedica a su mujer Adriana, y que sea esta quien le acompaña a todas las carreras y alce su sombrilla para refugiarlo del sol, es la mejor muestra de un carácter sencillo. Posee el espíritu festivo de un eremita; no será el centro de ninguna fiesta, pero en su penitencia se encuentra su virtud.
La fe que profesaba a los ingenieros de Ducati y a la Ducati misma, le hacía poder disfrutar de las victorias de su historial. La fe en que los límites de la italiana no le harían volar por los aires, era digna de ser reconocida por las principales religiones monoteístas. La moto no se adaptó a su estilo; fue él quien adaptó su pilotaje a las características de la latina.
Su sonrisa permanente en los momentos en que se encuentra fuera de la vorágine mundialista lo hace un tipo extremadamente agradable. La sencillez con que afronta su día a día muestra que su carácter no es fruto de una estudiada pose; Casey es así.
Se ha acusado al aussie de ser uno de los principales integrantes de la generación de pilotos del control de tracción; polémicas al margen, el australiano siempre se ha mostrado muy favorable a la idea de eliminar el control de tracción; circunstancia que eliminaría las dudas de sus detractores sobre sus capacidades y talento pues en las motos que ha pilotado no lo ha usado de forma intensiva. Ahí está la polémica.
A nadie se le escapan las comparativas con uno de los mayores ases de este deporte que ha dado Australia; Doohan. Ni las épocas son comparables, ni las motos, ni los rivales a los que se enfrentaron son similares; por lo que es sumamente complicado establecer paralelismos entre ambos pilotos.
Mientras tanto, Casey disfrutará de una vida sencilla, alejada de los flashes y los ruidos del mundial de velocidad, como un chico de su edad. Recreándose en la compañía de su mujer en la granja australiana de su padres.
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