Alvaro Bautista; entre la sonrisa y la suerte esquiva

Pablo Quintana 20 enero, 2012

Si alguien me preguntase por una sonrisa en el Paddock de MotoGP no podría dudar, Álvaro Bautista.
El piloto de Talavera tiene tatuada esa mueca en su cara, es eterna, es sincera y sobretodo es contagiosa. Bautista es un piloto que se muestra abierto en su comunicación; alguien con quien es fácil sentirse uno más de su tribu, uno más de esos que no solo siguen a los gallos de la categoría, uno de los integrantes de su club de fans.

Imagen de Alvaro Bautista

Álvaro nació hace 28 años en Talavera de la Reina. Con apenas tres años Bautista ya mostró su talento; competía en Minimotos contra chicos mayores que él; pero el talento no entiende de envoltorios y quien tiene la suerte de ser su afortunado poseedor no cuenta entre sus enemigos la edad; más bien al contrario, cuenta con ella como aliada.

Su inicio en las minimotos presagiaba una brillante trayectoria, las aptitudes de aquel chico de sonrisa permanente eran claras y sus necesidades también; necesitaba una moto mayor, necesitaba una máquina con la que demostrar su clase. Tuvo su oportunidad.

Apenas un año después de debutar en la Copa Aprilia finalizó en un destacado tercer puesto en un campeonato que había ganado Jorge Lorenzo y que había sido discutido por Joan Olivé. Los tocados por el talento entrecruzaban sus trayectorias, era simplemente una broma del destino, una casualidad de talentos.

En 1999 Alberto Puig fijó su mirada en él y lo seleccionó para competir en la Copa Movistar. Sus pasos eran firmes y la confirmación de que su capacidad era indiscutible parecía tan clara como el futuro que se abría ante él.

Imagen de Alvaro Bautista inicios como piloto

Sin embargo, la buena suerte no estaba en los planes que para él había preparado el destino; el año de su debut en la categoría de 125cc en el campeonato de España a punto estuvo de no poder completarlo. Su equipo se vio en la necesidad de retirarse a mitad de temporada por falta de dinero.

Finalmente Manuel Morente lo tuteló y le dio la oportunidad de crecer como piloto disputando el Campeonato de Europa de 125cc. De nuevo los pasos volvían a ser firmes; aquel chico risueño demostraba carrera a carrera que su sitio se encontraba dentro de los circuitos a lomos de una moto.

En 2003 fichó por el equipo Seedorf Racing en el que compartió box con Héctor Barberá; de nuevo el destino cruzaba sus hilos de forma caprichosa con otro de sus futuros rivales.

Este fue el año de su confirmación, se hizo con el Campeonato de España de 125 cc. Su carrera se había lanzado, era un valor en alza.

Imagen de Alvaro Bautista campeón de 125cc

Jorge Martínez “Aspar” se cruzó en su caminar; y en 2006 decidió que aquel chico de Talavera formaría parte de su equipo, pues veía en él un don; el don de la velocidad. Por fin tenía una moto “pata negra”; una Aprilia RS oficial le esperaba, solo necesitaba que la hiciese partícipe de sus victorias.

Y bien que lo hizo, Álvaro consiguió ser campeón del mundo a tres pruebas de la finalización del campeonato. Pies firmes, talento evidente y una sonrisa contagiosa definían al nuevo campeón del Mundo de 125cc.

Talavera reía al mismo ritmo que su hijo pródigo. Todo un país emulaba al campeón cuando se le citaba, la sonrisa era permanente.

Su horizonte no se cerró con la victoria, al contrario, como era de esperar, su horizonte se abría; sería piloto de 250 cc. La categoría abrazaba a su nuevo alumno, el alumno más aventajado. No necesitó cambiar de equipo, Álvaro simplemente necesitó una moto mayor. Aspar no se separaría de él; la confianza que los unía era mutua.

Bautista tenía muchas esperanzas depositadas en la subida de cilindrada; el aumento de cubicaje le acercaba más a aquellas motos con las que soñaba; le acercaba más a sus sueños, casi podía rozar las MotoGP por las que suspiraba.

Sin embargo, el destino le tenía preparadas trampas en su camino; obstáculos y problemas lo acosarían hasta no dejar que tomase lo que debía haber sido suyo, lo que le correspondía por talento.

Su primer año en la nueva categoría fue el de la confirmación; aquel campeonato mundial no había sido flor de un día; terminó cuarto el año de su debut; nada hacía presagiar el cúmulo de infortunios que se darían en su caminar.

En 2008, segundo año en 250cc se hizo con una Aprilia RS oficial; un buen piloto y una buena moto, a priori un binomio ganador. Sin embargo un talento emergente, Marco Simoncelli, consiguió arrebatarle, no sin una amplia polémica, el campeonato del mundo.

El malogrado Marco había taponado la salida del talento de Talavera. El italiano había emergido con tal fuerza que todas las miradas se concentraban en él.

2009 era una nueva oportunidad para hacerse con un campeonato con el que rubricar con letras doradas su ascenso a la máxima categoría del motociclismo mundial. La temporada se presentaba difícil, pero el risueño piloto tenía todos los factores a su favor.

Imagen de Alvaro Bautista accidente

Pero en las últimas carreras la suerte no estuvo de lado del de Talavera, y tres caídas consecutivas no hicieron sino decantar la victoria de lado de Aoyama. De nuevo la suerte le había sido esquiva.

Hastiado por las situaciones en las que la moneda no cayó del lado del piloto talaverano, fichó en 2010 por el equipo Suzuki de MotoGP; un equipo oficial donde le ofrecían la posibilidad de crecer como piloto y hacer crecer una moto que desde Hopkins pareciera que hubiera estancado su evolución.

Pero el tiempo le quitó la razón, los resultados no fueron los esperados por Álvaro; Suzuki no era capaz de ofrecer al piloto una moto competitiva y Álvaro realizaba altos esfuerzos por adaptarse a la nueva categoría.

El panorama empeoró con la pérdida de su compañero de equipo; los nipones daban de nuevo otro paso hacia atrás en el camino hacia la competitividad.

Era uno de tantos, en el tramo final de la temporada pasada mantuvieron sin ningún tipo de rubor una actitud lamentable donde las ambigüedades y la falta de decisiones firmes hicieron que Bautista tomase las riendas de una Honda olvidando los infortunios en la casa de Suzuki.

Imagen de Alvaro Bautista con Suzuki

Con la nueva Honda de Gresini afronta el futuro esperanzado, con la ilusión del niño que ganó el mundial de 125.

Álvaro es ese campeón del Mundo que todos los aficionados sentimos cercano por su trato, por su sonrisa imborrable; por esa naturalidad no posada ni premeditada con la que afronta su comunicación con quienes seguimos su trayectoria.

El de Talavera inició su historia en 1997; una historia que se preveía plagada de éxitos que debido a circunstancias adversas no han podido cristalizar en los triunfos que sin duda merece el piloto.

Bautista es como los toreros; está preparado para tomar la alternativa; sin embargo su situación es más complicada, fuera de una estructura oficial ha de lanzarse al ruedo como un espontáneo y culminar una faena digna del campeón que, sin lugar a dudas, es. Ha de sorprender a la plaza para volver a una estructura oficial con la que pelear con los primeros espadas; para luchar con los “gallos” de MotoGP.

Imagen de Alvaro Bautista MotoGp

En Álvaro conviven dos personas, tiene una personalidad dual; por un lado aquel niño ilusionado de ganaba con la naturalidad con la que asumen los campeones sus triunfos, y por el otro la sonrisa sincera de un crio que nos ponía el corazón en un puño en cada adelantamiento, en cada curva, en cada apurada de frenada.

El niño que conocíamos mudó de piel y se convirtió en hombre a base de peleas en 250cc y MotoGP, a base de caídas y sinsabores, a base de vivencias no siempre agradables.

Hoy una nueva etapa se abre para el piloto; hoy para Bautista el Sol brilla más para él y el cielo es más azul.

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